Máscaras del Valle del Sibundoy, Alto Putumayo

Reseña obra:

La colección rinde homenaje a los pueblos indígenas del Valle de Sibundoy como expresiones artísticas y culturales relevantes de la tradición milenaria de los pueblos Inga y Kamëntsá del Alto Putumayo. La colección está conformada por 214 piezas (55 se exponen en el evento Danzando con el Universo), clasificadas en tres tipologías (naturalistas, expresionistas y zoomorfas). Estas máscaras representan lo masculino y lo femenino (antropomorfas) y reproducen una espiritualidad basada en la conexión entre la vida social y la naturaleza, lo ritual y lo sagrado. 

El origen de la colección se debe al entusiasmo e interés de la ciudadana suiza Heidy Pifter (dueña de un hotel ubicado en la laguna de La Cocha, Nariño), quien, durante muchos años, fue comprando estas piezas a los indígenas. Posteriormente, el cineasta y fotógrafo alemán Michael Tauchert las adquirió y, cuando pasaron a ser propiedad de la Fundación BAT, se llevó a cabo una exhaustiva investigación con la antropóloga Lucía Rojas de Perdomo. De esta investigación se derivó la realización de un documento académico y de la exposición.

Las máscaras fueron elaboradas en madera (piezas talladas en cedro y comino cachajo) y pensadas para varios usos: para mostrar las diferencias étnicas entre su comunidad y los colonos (naturalistas); para expresar miedo o burla (expresionistas); para usos rituales y espirituales; y para atraer a los animales (zoomorfas) como el saíno, el puerco, el jabalí y la danta, que están relacionados con la dieta de las poblaciones indígenas ya mencionadas.

Las máscaras que integran la colección fueron talladas por artesanos indígenas. Se estima que su elaboración se remonta a unos 70 y 130 años de antigüedad. Algunas de las máscaras se utilizan en las expresiones y rituales cotidianos de las tradiciones más auténticas de estos pueblos del Valle de Sibundoy, conocidos históricamente por la celebración del “Día Grande” o “Carnaval del Perdón”. El simbolismo de estas máscaras alcanza su mayor punto de expresión cuando son usadas en la danza de los Sanjuanes, pues la ejecución de estas coreografías sencillas e “inocentes” frente al invasor fortalecía la cohesión étnica de las comunidades indígenas para resistir la influencia de este último. Según Pedro Cieza de León, cronista de las indias del siglo XVI, “las primeras manifestaciones de resistencia se identifican en la gestualidad exagerada y agresiva de sus rostros, expresiones que fueron transferidas a las máscaras. En este sentido, el uso de máscaras está asociado al ocultamiento, sin embargo, para estos pueblos indígenas supone la expresión de sus más íntimos malestares y sentimientos por la presencia de los colonizadores españoles“. 

El Valle del Sibundoy conecta al Macizo Colombiano, dando origen a las tres cordilleras hacia el norte del país y a la selva amazónica hacia el sur. Además, es una región que cuenta con las cuencas hidrográficas más pródigas del mundo. Es decir, es una zona biodiversa en donde convergen diferentes pueblos y ecosistemas. En ese contexto, los pueblos Inga y Kamëntsá plasman en las máscaras tanto su historia como su territorio, espiritualidad y cultura, y encuentran en ellas usos tradicionales, rituales y festivos. 

 

Textos con base en la investigación realizada por la antropóloga

Lucía Rojas de Perdomo para la Fundación BAT